Músico académico - Músico empírico


En música siempre ha existido un debate sobre su estudio formal, algunos lo llevan a cabo pero otros no lo ven necesario. Podemos diferenciar a cada uno de ellos como músico académico y músico empírico. Es importante mencionar dos conceptos. Racionalismo - el raciocinio como principal herramienta generadora de saber y aprendizaje. Y empirismo: la experiencia como base del conocimiento, un procedimiento fundado en la práctica. En música un aprendizaje siempre lleva parte de ambos durante su desarrollo.

Para este artículo vamos a aplicar una antigua leyenda china. Aquella que cuenta sobre un mercader que vendía la lanza que atravesaba todo y el escudo al que ningún arma podía atravesar. Pero un día alguien preguntó - ¿Qué pasaría si se enfrentan entre ellos? – ...

Cada persona desarrolla aptitudes y perfiles específicos para dedicarse a la actividad de su elección, mismos que dependen de las oportunidades, motivaciones y experiencias de cada individuo. En música son muchos los que al no conformarse con escucharla, se adentran en la ardua tarea de ejecutarla. Pero el hecho de tocar un instrumento musical no te convierte en músico. Así como el cocinar tu desayuno no te hace chef, ni tomar un jarabe para la tos te convierte en médico. El músico no es igualmente proporcional al instrumentista, recordemos que aunque se les pueda contener desde distintos enfoques, las artes también son profesiones. Pongamos como ejemplo a un niño que apenas aprende a hablar. Comienza lento, con errores de pronunciación, no podrá expresarse de manera profunda y fluida pues aún no ha estudiado formalmente el idioma, sin embargo ya podrá comunicarse para satisfacer sus necesidades inmediatas. Con el paso del tiempo es muy probable que su habilidad del habla y vocabulario se desarrollen como el de un adulto promedio y en ocasiones superarlo incluso sin haber estudiado.

Se podría relacionar como racionalistas a las personas que estudian música, pues sus conocimientos se basan en el estudio formal de una carrera profesional. Y a los que no lo hacen de esa manera, como empíricos, pues basan su aprendizaje en la experiencia personal. Cada uno de ellos tiene un impacto en la sociedad y su nivel de importancia es de igual protagonismo, aunque los menos conscientes siempre terminan en cuestionamientos como ¿Quién tiene la mayor calidad en ejecución técnica o nivel de interpretación?, ¿Quién obtiene la mayor fama o ingresos económicos?, ¿Quiénes son los verdaderos músicos?... Lo que nos lleva de regreso a la leyenda. Si vemos al músico empírico como la lanza y a al académico como el escudo, ¿qué pasaría si la lanza que atraviesa todo se enfrenta al escudo que nada lo atraviesa? Tenemos una paradoja. Ninguno de los dos podría existir al mismo tiempo ni en el mismo lugar, pues al enfrentarse la lanza y el escudo se destruyen, se anulan mutuamente.

Lamentablemente esta analogía se ha convertido en cotidianidades como la constante lucha de egos, la falta de respeto y las envidias entre los practicantes que pertenecen tanto a un gremio como al otro, una problemática sin rumbo ni sentido. La enseñanza y práctica de la música no tiene que ver con estas insignificancias. Una de las principales razones por las que existen las artes y por lo que deberían enseñarse no es para convertirse en virtuosos de la técnica, ni llegar a ser profesionales, sino por algo mucho más simple… el ser mejores humanos.

Si la música se limitara a cuestiones técnicas, un robot ejecutaría al instante lo que a una persona le lleva años, haciéndolo de manera más práctica, efectiva y sin un solo margen de error. Pero llenaría a la música de un vacío inexpresivo enorme. Así pues, el factor humano resulta imprescindible. Cualquier persona puede emprender un viaje hacia las artes, pero no cualquiera lo culmina. Es necesario definir el contexto en el que se busca desarrollar una labor y forjar ese camino cumpliendo con los requerimientos técnicos y cubriendo los requisitos intelectuales que el mismo campo laboral exija, ya sea desde conciertos, recitales, entretenimiento, composición, arreglos, producción, grabación, asesoría, representación, dirección orquestal, coral, marketing musical, publicidad, salud, educación, investigación, conferencias, ventas, reparaciones y ajustes de instrumentos, musicalización de obras de teatro, performance, danza, películas, video juegos, música por encargo, radio, televisión, internet, etcétera. Se trata de ser integrales y congruentes con lo que se profesa, de ahí el ser músico. Entonces ¿Qué pasaría si la lanza y el escudo en vez de enfrentarse, lucharan juntos?... equilibrio.

Un crecimiento no solo para el hombre sino para toda una nación desnutrida y hambrienta de cultura. Más que como derecho u obligación, la música forma parte de un privilegio que a todo ser humano corresponde. Muchos son los estereotipos negativos hacía las artes, exterminarlos ocurrirá únicamente cuando los practicantes se comprometan consigo mismos y trabajen en dicho equilibrio. La música no tiene la culpa de los errores humanos. Cuando el puño más fuerte y el escudo impenetrable sean aliados, ningún invasor podrá venir a derrocar su imperio.



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